Barrotes

Los barrotes de nuestra cárcel

18/06/2020

Hoy las cárceles no son esos espacios fríos, pequeños y con barrotes, en las que un día te torturaban y otro también, y apenas te daban de comer.

Hoy las cárceles son los espacios reducidos de los barrios de las grandes ciudades, o aunque sean espacios más grandes en ciudades y barrios más acomodados, todos ellos se van cercando con barrotes.

Los barrotes de nuestras cárceles son las mentiras, los bulos, las noticias falsas en los grandes diarios y en las televisiones.

Los barrotes son la miseria que nos rodea.

Los barrotes son las colas que tienes que hacer para que te den una bolsa de comida tus vecinos.

Un barrote es la carencia de ordenador y por eso tu hijo no puede estudiar.

Un barrote es ver comer pizza todos los días a tus hijos y no poder darle verduras o pollo, algo tan sencillo y común.

Un barrote es la hipoteca que no puedes pagar.

Esta es la cárcel sin barrotes de hierro que nos están construyendo y que sin darnos cuenta ayudamos a construirla nosotros mismos.

Y cuando alguien quiere arrancar algún barrote para que puedas respirar algo mejor oyes ruidos de cacerolas que te asustan. Las cacerolas están vacías de comida para ti, pero llenas de odio contra los que quieren quitar los barrotes. Curioso ruido, que crees que ha llegado la hora del rancho y resulta que son tus carceleros que no quieren que abandones tu miedo.

El miedo, otro barrote. Invisible, pero más fuerte que los de hierro.

El miedo y el ruido te aturden los sentidos.

El miedo, el mejor candado de tus carceleros. El barrote más fuerte. El barrote que te impide pensar, el que no te deja destacar, el que te retrae en opinar, el que te deja encerrado en ti mismo. Y ellos lo saben y te generan más miedo. Barrotes más fuertes.

Pero también hay otros barrotes invisibles La neutralidad y la equidistancia te dicen que no salgas de tu cárcel.

Pero hay alguien que insiste en arrancar los barrotes. Y por cada barrote que arranca con una ley, o con un ingreso mínimo vital, o con un trabajo garantizado, o con un subsidio, o con una ayuda, tus guardianes se enfadan y vuelven a pensar de qué manera impiden que salgas de esa miseria que es tu cárcel. Y tú te asustas.

Y aunque hay menos barrotes no te atreves a salir.

Y cuando alguien desde dentro o desde fuera sigue arrancando barrotes, vienen personas con lenguaje que no entiendes y con legajos debajo del brazo diciendo que la ley no lo permite. Que has debido hacer algo mal, porque alguien con uniforme lo ha escrito y que no debes salir.

Debemos intentar derribar los barrotes y  . . .  salir.