¿Parar toda la actividad?

V2 25-3-2020

Diferentes sectores de la sociedad, eminentemente políticos y sindicales, están pidiendo al Gobierno que decrete el cierre total de toda la actividad productiva menos la de los sectores “esenciales”. En primer lugar este pronunciamiento sin concretar más podría estar orientada por una incapacidad y desconocimiento de la situación real y de las consecuencias que podrían desencadenar, tanto en estos momentos como en el futuro más inmediato, una vez que acabe o pueda ser controlada la pandemia.

También habría que pensar si pueden estar orientados más por intereses espurios de quedar bien con sus electores y su clientela político o sindical que por un análisis sosegado de la situación, que tenga en cuenta además de criterios sanitarios para el presente, los necesarios para ir preparándose para la supervivencia posterior, y que de no hacerlo se olviden de las consecuencias presentes y futuras.

En primer lugar las causas de la petición de la paralización de toda la actividad vienen justificadas por la necesidad de evitar y disminuir los contagios. Pero estos no se paralizarían porque las personas que deben mantener los servicios “esenciales” pueden ser un factor de propagación.

En segundo lugar qué es sector o actividad "esencial". Dada una economía tan interdependiente es difícil determinar qué sector o actividad es necesaria o no. Nadie duda que es necesario e indiscutible, el funcionamiento de todo lo relacionado con los servicios sanitarios, de seguridad, de alimentación, de energía, de distribución, de cuidados, de producción en el sector primario, y muchos más, a su vez relacionados con los anteriores, dada la economia interdependentiente entre sectores.

¿Alguien puede pensar que el sector de producción de los plásticos, cartón y botellas, no es necesario? ¿Cómo se envasarían los alimentos y los productos químicos y sanitarios? Si seguimos así podríamos llegar a convenir que la gran mayoría de la actividad está relacionada entre sí y por tanto seria necesaria.

Y aunque algún sector o actividad viéramos que no tiene mucho que ver con servicio "esencial", si guarda las condiciones de seguridad para sus trabajadores, ¿no está colaborando para mantener la generación de riqueza y bienes para el país tan necesaria para hacer frente a esta pandemia? ¿Alguien cree que la riqueza y los bienes se crean por generación espontánea o es un maná que desciende de cielo?

También se puede pensar que para qué es necesario generar algo, si luego no se va a disfrutar. Pero ese no es, ni va a ser el escenario. La humanidad siempre ha sobrevivido. Está demostrado que del COVID-19 se sale. Los sanitarios están demostrando que del COVID-19 se sale. Otros paises están demostradno que del COVID-19 se sale. Pero es cierto que a un coste en fallecidos. Se trata de situarse al lado de la especie o de la persona individual. O para no hacerlo tan inhumano. Al lado del yo o de los próximos que te rodean.

Al igual que en el sector sanitario se usa el triaje (una forma de selección-especie) para decidir qué pacientes van a UCI, a planta, a paliativos, a pasillo o a otros lugares, en función de su estado sanitario, su edad, su fortaleza e incluso su situación social, ¿por qué no se debe usar el triaje como factor de estudio para decidir una medida u otra a nivel económico y de producción.?

Y un triaje a efectos de tomar medidas políticas de actividad industrial y comercial puede ser:

1.- Incidencia económica en la paralización de toda la actividad económica.

2.- Incidencia social por la paralización económica.

3.- Necesidades sociales de toda la población para su supervivencia.

4.- Capacidad de toda la sociedad (Estado y no Estado) para hacer frente a esas necesidades y si con lo que queda se cubren.

5.- Duración de la paralización.

Son tantos los interrogantes que se hace difícil aventurar la solución, pero sin hacer grandes análisis económicos y de supervivencia lo que se ve claro es que el desencadenante de las consecuencias de una paralización total iban a ser mayores que un control de la actividad y un mantenimiento no sólo al ralentí de la economía sino de todo aquello que se pueda mantener con las medidas de seguridad mínimas.

A medida que vayan pasando los días se irán convirtiendo en el “sálvese quien pueda”. Alguien se planteará: ¿Qué prefieres morir de hambre quedándote en casa porque si no trabajas no comes o tener una oportunidad aunque te infectes?

Para muchos el trabajo es la vida.

Sin el trabajo no hay sustento, sin sustento es el hambre.

Por eso no se entiende bien el cierre total como pide el presidente de la Comunidad de Murcia y ERC y algunos sectores de sindicatos, Quin Torra, etc . Como se ve, no todos tienen la misma ideología. Pero sí un componente común: se deben a sus electores y de esa forma creen que podrán mantenerse en el futuro. ¿Pero lo hacen bajo criterios de supervivencia inmediata y de futuro de quienes dicen representar o de ellos mismos.?

Porque hay unas contradicciones inmensas en la respuesta de muchos sectores: ¿Cómo llamarles a los de Airbus que se quieren ir a casa?

¿Cómo llamarles a los trabajadores de esas empresas que están cambiando sus lineas de producción para hacer productos necesarios ahora (geles, mascarillas, aparatos, etc), cambiando y adaptando sus medios a esos fines.

¿Y los de la construcción, un sector con el 15 o 20% del PIB, que muchos de ellos, dicen que ahora se pueden arriesgar, Pero si dejan de trabajar el riesgo ya es seguro, porque su sustento depende del trabajo.?

Cuando se tiene la despensa llena y un buen trabajo es fácil quedarse en casa y decir que se pare todo.

Para muchos el trabajo es la vida. Sin el trabajo no hay sustento, sin sustento es el hambre. Por eso el cierre total es difícil que lo asuman.

V2 25-3-2020

HA PASADO UN AÑO.-

3-3-2021

El año pasado, a los pocos días de la declaración del confinamiento, reflexionaba sobre las ventajas e inconvenientes del cierre total de la economía.

En esa reflexión ya se indicababan los inconvenientes, que a corto y medio plazo, se podrían pro-ducir en la economía general del país y por tanto en la propia economía de cada ciudadano, o al menos de los peor situados en la escala social. Sobre todo de los que tienen menos almacena-miento de recursos para sobrevivir.

Y ahora, a primeros de marzo de 2021, ya lo estamos viendo. Colas del hambre de personas que no pueden trabajar porque su trabajo ya de por sí era precario, pero al menos les daba de comer y era su único recurso de supervivencia, y llevan varios meses con nulos o escasos recursos; insa-tisfacción por el alcance del Ingreso Mínimo Vital; críticas al Gobierno porque ya tenemos 4 millones de parados; sectores, como el de la hostelería, totalmente beligerante contra el Gobierno. Y todas estas manifestaciones tachan al Gobierno como culpable y como causante de estos males; la pandemia como origen pasa a segundo plano. Es decir, todas las desgracias son achacables al Gobierno, por más esfuerzos que haga con los ERTES, con los ceses de actividad para los autó-nomos, por más esfuerzos que haga de concesiones de IMV, por más avales ICOS que haga a em-presas, por más aplazamientos que aprueben en los desahucios. Al final todas las medidas sociales se quedan ensombrecidas por los problemas inmediatos del incremento del paro, del cierre de empresas y de la lentitud de la extensión del IMV.

Y todo esto, quizá, sea por el cierre y confinamiento de sectores productivos.

Y quizá habría que reflexionar, por muy duro que sea, si haber centrado el esfuerzo en los mayores, en las residencias, descuidando otros refuerzos en el ámbito sanitario, en los activos, en la actividad económica, ha sido la mejor línea de luchar contra la pandemia y sus consecuencias.

JÓVENES VERSUS MAYORES.-

Socialmente quizá no estemos preparados para pensar que la economía hay que mantenerla en pie porque es la que nos va a garantizar el futuro para aquellos que vayan a salir de ella. Y tiempo que se pierda para los jóvenes es tiempo que no van a recuperar.

En la anterior crisis los que eran jóvenes en aquel momento ya perdieron casi una década en su desarrollo, sus proyectos de vida y en sus vivencias y no lo recuperaron.

Y en esta puede pasar lo mismo para quienes les está pillando. Para evitarlo habría que pensar con generosidad hacia ellos.

Nos hemos centrado en una moral de apoyo a los mayores con mensajes de “se lo debemos”, “han luchado por nosotros y gracias a ellos estamos aquí”, que nos ha impedido analizar el esfuerzo necesario en la maquinaria que va a dar continuidad a todo el país; los argumentos generalistas impiden analizar que ni todos han luchado con el mismo esfuerzo, ni a todos se lo debemos con el mismo nivel de entrega.

No se trata de estar situado en el determinismo de las teorías malthusianas de que a pesar de los avances tecnológicos y de producción de alimentos, el crecimiento de la población iba a neutralizar ese progreso a una parte importante de la población. Pero, en un momento de pandemia, al igual que los intensivistas de la salud, aplican métodos de triaje ante una avalancha de personas con necesidades de atención, también se debería haber abierto el debate de triaje social pensando en el futuro del colectivo o especie.

Un analista demoscópico, con una visión cortoplacista lo hubiera tenido claro. Las personas mayo-res ya tienen menos tiempo para decidir con su voluntad la constitución de un gobierno u otro, porque, se haga lo que se haga a favor de ellos, o bien muchos de ellos no van a llegar o su alto nivel de abstención va a decidir poco. En cambio a los activos, a los que por sí mismos están te-niendo una actividad, a los que aportan algo a la sociedad, esos, cuando se presente el momento de decidir algo, van a tener muy en cuenta, cómo lo han pasado y en qué situación se encuentran en el momento de la decisión. Y esa decisión la tomaremos dentro de 2 años y no es mucho tiempo para enderezar la situación.

Pero ya desde un punto de vista sociológico, de supervivencia de la especie, de repartir los es-fuerzos y los medios escasos entre quienes mejor los pueden usar, estas líneas de discusión no se han oído en estos últimos tiempos. Una moral proteccionista, no al débil, sino al mayor, nos lo ha impedido.

Y quizá hubiera sido bueno oírlas, debatirlas. Quizá no para imponerlas, pero sí al menos para saber las consecuencias de haber elegido unas u otras.

Al menos para tener conocimiento y consciencia de que el sacrificio de unos (los más fuertes) es para salvar a otros (los más débiles), aunque esa salvación sea en términos de tiempo escasa. ¿O no era necesario ese sacrificio?

Hay que imaginarse que en función de donde esté situado el lector podrá pensar de la manera más favorable a su interés.

Hacer abstracción de su situación y pensar en términos de lo que puede ser mejor para la especie es pedir mucho. Quizá no nos han educado para pensar en términos de supervivencia y estamos educados para pensar en términos de que tenemos los máximos derechos a pesar de que se los limitemos a otros que no son de nuestro colectivo.

No llegamos a entender que lo que poseemos o disfrutamos quizá no sea totalmente nuestro, en términos personales del yo, y forma parte del patrimonio generalista, de todos, y en un momento determinado hay que situarlo donde mejor rendimiento o uso se le dé.

03-03-2021